Darwin Awards

Algunos ya conoceréis los premios Darwin Awards a las muertes más ridículas de la historia; para los que no, estamos encantado de presentároslos. Se trata de una selección de los fallecimientos más ridículos, irónicos e increíbles de la historia de la humanidad (al menos aquellos que conocemos).

Desde Big Eventos, nos gusta ver siempre el lado divertido a la vida, y en este caso a la muerte… por eso esta semana os traemos nuestra propia selección de los 15 decesos que merecen ser contados.

1. Francia, 1989, Jacques LeFevrier quiso asegurarse de suicidarse y trazó un plan que a él le pareció infalible, nunca imaginó que pudiese salirle todo del revés…

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Fue a la cima de un acantilado y se ató un nudo alrededor del cuello con una cuerda. Amarró el otro extremo a una gran roca; pero no satisfecho con eso, bebió veneno y se incendió la ropa. Como colofón final, planeó dispararse en la cabeza mientras caía. Pero su plan se torció cuando, al dispararse en plena caída, falló el tiro y no sólo esquivó la bala, sino que ésta cortó la cuerda. Libre de la amenaza de ahorcarse, cayó al mar. La zambullida repentina hizo que se extinguieran las llamas y el impacto hizo que vomitara el veneno.
Un pescador que pasaba por la zona lo sacó del agua y lo llevó a un hospital, donde finalmente murió….de hipotermia.

 

2. Hans Steininger, un austriaco famoso por poseer la barba más larga del mundo (de casi un metro y medio), murió cuando, durante un incendio en el edificio donde se encontraba, no enrolló correctamente la barba al huir, la pisó y tropezó hasta romperse el cuello.

 

3. Pinkerton es el fundador de la Agencia Nacional de Detectives que llevaba su nombre, en 1850 en EEUU. Murió en 1884 cuando, cabalgando, se mordió la lengua y contrajo gangrena. Este extraño suceso no impidió que perdurara su celebridad. Su empresa es hoy una reputada empresa de servicios de seguridad de EEUU, y el logotipo, un ojo abierto con el logo “We never sleep” se convirtió en el origen de la conocida expresión inglesa “private eye”, detective privado.

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4. Esquilo, Atenas, 456 a.C., este ilustre personaje ha pasado a la historia por dos razones: por sus logros y por morir de la forma

más absurda que podáis imaginar. Este hombre, creador de la tragedia griega y testigo de la grandeza de Atenas, escribió más de 90 obras, aunque sólo se conservan 7 hoy en día. El pobre hombre tuvo un fallecimiento de lo más curioso. Murió, según la leyenda, cuando un águila dejó caer una tortuga sobre su cabeza calva confundiéndola con una roca; método que utilizan habitualmente para partir su alimento. Finalmente la tortuga no se partió y Esquilo murió con el cráneo roto.

 

5. Todos sabemos que la realeza, sobre todo antiguamente, era muy estrafalaria. El germano rey Maximiliano I no podía ser menos. Este excelentísimo señor, murió a causa de una indigestión de melones.
Ese hecho ya es raro de por sí, pero lo realmente perturbador es que fue enterrado en el ataúd que, desde hacía años, llevaba siempre consigo.

 

6. Antonio Gaudí, como será sabido por muchos, fue atropellado por un tranvía, que, se dice, circulaba a una velocidad más bien lenta. No es que nos parezca graciosa la forma en que murió, pero sí lo que sucedió después. Como no llevaba ningún documento, e iba vestido de forma muy sencilla, ingresó en el hospital como un indigente más de la ciudad. Media Barcelona le buscó por todos sitios, ya que las monjitas que le cuidaban no tenían ni idea de que se trataba del creador de La Sagrada.

 

7. Tras cabalgar por el desierto durante muchos días embutido en su armadura, el emperador germánico Federico I, más conocido como “Barbarroja”, llegó al río Saleph con sus tropas. Como tenía tanta sed, se lanzó directamente al agua olvidando que llevaba la armadura; se ahogó.

 

8. El gran Atila, Rey de los Hunos, “por donde él pasaba no volvía a crecer la hierba”, o eso cuentan las leyendas. Atila, tuvo una muerte de lo más vergonzosa. Demasiado borracho en su noche de bodas, no se dio cuenta de que sangraba demasiado por la nariz. A la mañana siguiente lo encontraron ahogado en su propia sangre.

 

9. 1890, Felix Faure, presidente, por entonces, de la República francesa, murió de una apoplejía…no es gracioso, pero fue un escándalo, sucedió mientras una señorita, le practicaba sexo oral en su oficina.

 

10. Muerte por imitación. En 1991, una mujer tailandesa estaba caminando por su granja cuando resbaló en bosta de vaca, se agarró de un cable y se electrocutó. Poco después del funeral, su hermana estaba mostrando a unos vecinos cómo había sucedido el accidente, cuando ella también resbaló, se agarró al mismo cable y murió exactamente igual que su hermana.

 

11. Alrededor del año 1500, Wan Hu, decidió aprovechar la avanzada tecnología de cohetes y juegos pirotécnicos de China para lanzarse a sí mismo al espacio. Se subió a una silla y cerca de 50 de sus sirvientes encendieron los cohetes. Hubo una gran explosión. Cuando se disipó el humo, Wan y la silla habían desaparecido, nadie, nunca los volvió a ver.

 

12. Franz Reichelt era un sastre franco-austríaco que diseñó, como un reto personal, un paracaídas. Primero, probó si invento con un muñeco que lanzó desde la Torre Eiffel; el muñeco cayó y se estrelló contra el suelo, pero Franz, se excusó diciendo que esto había sucedido por la imposibilidad del muñeco de abrir los brazos. No fue así, cuando él mismo lo probó su destino quedó enclavado en el cemento de la bella ciudad de París.

 

13. 1931, París, Arnold Bennet, un novelista y ensayista de la época quiso demostrar que los parisino eran unos “incultos”, y que el agua que bebían no era, en ningún caso, la causa de la epidemia de tifus que asolaba la ciudad. Para hacerlo, bebió públicamente un vaso de aquella agua que defendía. Murió unos días después, de tifus.

 

14. El famoso dramaturgo estadounidense Tennessee Williams murió cuando, al intentar abrir un bote de pastillas con la boca, se tragó la tapa cuando ésta salió disparada y se asfixió con ella. Triste muerte para un gran hombre.

15. A continuación os contamos el curioso caso de Fernando el Católico. Cuando Isabel I murió, fue nombrado regente de Castilla y se casó con Germana de Foix, sobrina del rey de Francia. Parece ser que Germana no era la más guapa de la corte, digamos. Esto fue motivo por el cual Fernando retrasaba sus deberes maritales, pero necesitaba un heredero, así que tuvo que ponerse manos a la obra. Don Fernando tomó cantaridina como un loco, un compuesto químico venenoso que, se creía, era afrodisiaco. Otros dicen que lo que finalmente lo mató fue un cocido de testículos de toro que tomó. Sea lo que fuera, Fernando acabó falleciendo, eso sí, estaba lleno de virilidad.


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